jueves, 31 de diciembre de 2015

"Luces y sombras de una autora" nominado a los LIEBSTER AWARD


El blog de Jorge Benitez Govantes: jorgebenitezgovantes.blogspot.com.es, ha obtenido el premio LIEBSTER AWARD y también le ha concedido una nominación a "Luces y sombras de una autora" a dichos premios. El LIEBSTER AWARD es un galardón virtual que se da a los blogs pequeños y es otorgado entre bloggeros. Tiene como objetivo dar a conocer nuevos blogs y también motivar a los bloggers a seguir escribiendo. Para mí ha sido toda una alegría que Jorge se acordara de mí y le diera a "Luces y sombras de una autora" una nominación. 

Aprovecho esta estupenda noticia para cerrar el 2015, un año en el que he empezado en este fascinante mundo de la literatura y de la blogosfera y que he de confesar que ya me ha dado mis pequeñas recompensas. Quiero daros las gracias a todos los amigos de "Luces y sombras de una autora" por seguir ahí y desearos un feliz 2016 lleno de alegría, salud, amor y prosperidad. 

¡Un mega abrazo para todos!


Nominación de "Luces y sombras de una autora" a los premios Liebster Awards



sábado, 26 de diciembre de 2015

¡¡NÚMERO 1 EN DESCARGAS GRATIS EN AMAZON.ES!

¡Wow! "Desde el tragaluz" ha conseguido llegar al Nº1 en descargas gratis en Amazon.es y al 8 en Thriller y Misterio en Amazon.com.
Sois vosotros los que habéis logrado esto y sólo puedo daros las gracias por el apoyo y por haber aceptado mi regalo de navidad. ¡Un gran abrazo para todos!

¡ESTO SÍ QUE ES PURA MAGIA NAVIDEÑA!



miércoles, 23 de diciembre de 2015

Gratis - DESDE EL TRAGALUZ

Para celebrar la Navidad y este magnífico año en Amazon, os comento que DESDE EL TRAGALUZ estará en promoción gratuita durante tres días seguidos: 24,25 y 26 de diciembre.

Así que ya sabéis: ¡no os quedéis sin vuestro ejemplar digital esta navidad!


¡Mil gracias por el apoyo que le habéis dado a esta historia!


¡FELICES LECTURAS!

GRATIS - "Desde el tragaluz" el 24, 25 y 26 de diciembre en Amazon



viernes, 4 de diciembre de 2015

Os comparto esta noche una bonita entrevista que me han hecho en el blog literario "Ángeles en la lectura", un blog también comprometido con los nuevos autores y en el que podemos encontrar una sección especial para nosotros en: "Conociendo noveles". Espero que os guste.

Entrevista para "Ángeles en la lectura"



jueves, 12 de noviembre de 2015

DESDE EL TRAGALUZ - Nueva portada

He estado trabajando en una nueva portada para DESDE EL TRAGALUZ. Me ha resultado difícil por su temática, no pensé que lo sería tanto, pero finalmente creo que he encontrado una imagen adecuada (la anterior me han comentado que daba la sensación de hablar de una novela más bien juvenil). Siempre he tenido problemas para encontrar la categoría correcta debido a que no es una historia lo suficientemente "negra" ni lo suficientemente "rosa", así que para la portada he optado por una imagen más bien neutra, que aúne ambos conceptos (suspense y romance) y si fuera posible que le añada también algo de misterio. Finalmente éste ha sido el resultado.

Espero haber acertado.


miércoles, 28 de octubre de 2015

Otra positiva reseña para DESDE EL TRAGALUZ - Bookeando Con Mangeles

Os dejo una nueva y muy positiva reseña para DESDE EL TRAGALUZ de la mano del blog literario Bookeando Con Mangeles. Quiero agradecer a María Ángeles por esta estupenda reseña y por el apoyo que desde su blog nos brinda a los autores noveles. Espero que os guste.

Otra positiva reseña para DESDE EL TRAGALUZ - Bookeando Con Mangeles




miércoles, 14 de octubre de 2015

Resultado del Sorteo - DESDE EL TRAGALUZ - La Caja de los Libros

¡Y aquí tenemos a las ganadoras del Sorteo de los 3 ejemplares de DESDE EL TRAGALUZ!
1. Maite Gil Ramírez.
2. Luz Alvarenga Rojas.
3. Yolanda Cobos Velasco.

Poneros en contacto conmigo para poder enviaros el premio.

Muchas gracias a La Caja de los Libros por su apoyo y muchas felicidades a las tres ganadoras.




lunes, 12 de octubre de 2015

La Propuesta Editorial

Hola a todos, perdonad que tenga un poco abandonado el blog, pero ahora mismo, aparte de tener que trabajar, atender miles de obligaciones durante el día, promocionar DESDE EL TRAGALUZ y sacar un ratito para “vivir”, también estoy embebida en mi segunda novela de la que espero muy pronto poder hablaros, y como ya he comentado por ahí, no tendrá nada que ver con todo el suspense y misterio que vivimos en DESDE EL TRAGALUZ, sino todo lo contrario. En esta ocasión será puro sentimiento y nos adentraremos en el corazón de un personaje junto al cual viviremos intensamente una gran experiencia. Una historia romántica y de género New Adult de la que pronto os hablaré con más detalle.
Pero bueno, ahora a lo que vamos. Os traigo por fin la segunda parte de la entrada anterior y en la que hablábamos de la “Carta de Presentación”, primer paso a la hora de acercarnos con nuestro trabajo a una editorial. Muy bien, ahora os traigo el segundo instrumento, imprescindible para presentar nuestro proyecto. Os hablo, como no, de la “Propuesta Editorial”.
La propuesta editorial es un documento mucho más extenso que la carta de presentación. En él incluiremos muchos más datos de nuestra obra y digamos que será el paso decisivo para convencer a nuestro futuro editor de que nos solicite el manuscrito.
Hay mucha información en internet acerca de cómo se hace una propuesta editorial, incluso hay muchos blogs en los que se informa muy bien de los puntos de los que consta. Este blog es para compartir mi experiencia así que os diré más o menos cómo yo preparé la mía:

INFORMACIÓN GENERAL - De forma esquemática y abriendo el documento:
-Nombre del autor
-Título del libro.
-Número de páginas
-Género al que pertenece

SINOPSIS de la obra de 2 a 3 páginas como mucho. Los datos que aportemos deben darle a la editorial una idea general del argumento de la obra.

VALORACIÓN LITERARIA. En mi caso incluí este apartado para hablar de mi novela. Tipo de lenguaje, estructuración de capítulos, punto de vista del narrador, ingredientes con los que cuenta (drama, amor, acción…), breve descripción de los personajes principales y antagónicos a modo de ficha técnica etc…

SOBRE NOSOTROS. En este apartado incluí una pequeña nota autobiográfica haciendo referencia únicamente a mi faceta literaria: mis estudios, mi formación como escritora y mi novela. Aquí podríais incluir de forma breve vuestra experiencia en talleres literarios, concursos, publicaciones anteriores, clubs de lectura, colaboraciones en blogs, número de visitas, presencia en redes sociales, seguidores con los que contáis, etc…

MERCADOS Y COMPARACIÓN CON OTRAS OBRAS. Este punto sirve para informar al editor de forma mucho más extensa y detallada acerca del tipo de mercado y público al que va dirigida vuestra obra (mujeres de X edad, amantes de la novela negra, público juvenil…) y también se puede perfectamente añadir comparaciones con otras obras que pertenezcan al mismo tipo que la vuestra, eso sí sin excedernos, que no nos pueda el ego por favor. Por ejemplo, puede ser algo así como: es una saga histórica ambientada en la época medieval que narra la vida de una comunidad que lucha contra la tiranía de su señor feudal muy similar al estilo de Los Pilares de la Tierra etc...

MUESTRA DE ESCRITURA. Incluiremos los primeros capítulos de nuestra novela, unas 15 páginas máximo y con el objetivo de mostrar nuestra forma de escribir, estilo y punto de vista desde el cual hemos contado nuestra historia.

Recordad el tipo de letra, clara y sin barroquismos, os sugiero: time new roman, arial o similares, tamaño 12 e interlineado (aquí lo podemos ampliar un poquito más que en la carta de presentación) de 1,5 ó 2.  En total a mí me salieron unas cinco páginas.
Bueno, hasta aquí mi versión personal de la propuesta editorial. Como he dicho antes, hay mucha información en internet al respecto y algunos apartados más que podréis incluir y que yo, por falta de contenido no hice, pero básicamente os puede servir de guía para confeccionar la vuestra. Espero que os sea útil y si tenéis alguna duda, ya sabéis dónde encontrarme.


                                                                                    

lunes, 5 de octubre de 2015

Cazadora de historias: Entrevista a Marie N. Vianco, autora de 'Desde el ...

Os dejo una nueva entrevista que me han hecho,esta vez en el blog literario "Cazadora de historias" de Lara Alonso. Espero que os guste.





Cazadora de historias: Entrevista a Marie N. Vianco, autora de 'Desde el ...: ¡Siento mucho la ausencia de la semana pasada, pero me fue físicamente imposible meterme en el ordenador después del trabajo! Eso sí, regre...

martes, 29 de septiembre de 2015

Mi Sala de Lectura: Hoy entrevistamos a... Marie N Vianco

Me han hecho una entrevista en el blog literario "Mi sala de Lectura". Es mi primera entrevista como escritora y os la comparto con mucha ilusión. Espero que así me conozcáis un poquito más.

Mi Sala de Lectura: Hoy entrevistamos a... Marie N Vianco: Buenas tardes: Hoy compartimos nuestra Sala de Lectura con Marie N. Vianco autora de Desde el Tragaluz, ¿ os quedáis con nosotras? ...

Mi Sala de Lectura: Ficha Autor: Marie N Vianco

¡Hola a todos otra vez! Aquí os dejo otra nueva ficha novel para DESDE EL TRAGALUZ. En esta ocasión se trata del blog literario "Mi Sala de Lectura", un blog comprometidísimo con los noveles ya que constantemente están realizando fichas de libros, autores, reseñas y entrevistas a escritores que empiezan, sean estos autopublicados o no. Muchas gracias, chicas por vuestro apoyo.

Mi Sala de Lectura: Ficha Autor: Marie N Vianco: Buenos días!! Hoy os traemos una nueva Ficha Novel, se trata de Marie N. Vianco autora de Desde el tragaluz, ¿ nos acompañáis a conocerla?...

viernes, 25 de septiembre de 2015

La carta de presentación

La carta de presentación y la propuesta editorial son dos documentos idóneos a la hora de acercarnos con buen pie a una editorial o agente literario.
Como he dicho en la entrada anterior, cada editorial y cada agencia literaria tiene sus propias normas a la hora de aceptar manuscritos, por lo que es imprescindible investigar en sus páginas webs acerca de la manera en la que reciben las obras para su valoración y, obviamente, si actualmente están interesadas.

La carta de presentación

Ésta es una vía estándar muy útil a la hora de dirigirnos a ellas, pues se trata precisamente de eso, de un documento en el que nos presentamos educadamente y exponemos de forma breve y concisa nuestra obra.
Sobra decir que deberemos cuidar mucho la presentación, las formas, la ortografía y gramática y el tono utilizado, nada de familiaridades ni de confianzas; hemos de ser concisos (no más de 250 palabras o incluso menos y en espacio sencillo) deberemos de mantener una posición distante como si acudiéramos a una entrevista de trabajo, es exactamente igual, estamos ofreciendo nuestro trabajo a alguien e intentando interesarle en lo que hemos creado.
La carta de presentación constará de los siguientes puntos:

- Nombre del remitente y datos de contacto (en la parte alta del folio a mano derecha)

- Nombre del destinatario (editorial o agente literario), datos de contacto y si no conocemos el nombre de la persona que en particular dirigiremos la carta pondremos algo así como: A/A  Departamento de Lectura.

- Lugar y fecha

- Cuerpo de la carta
Aquí haremos una breve presentación de nosotros y de nuestra obra (nombre, título de la novela, género, el tema del que trata, algún detalle muy breve sobre el tipo de mercado y lectores al que va dirigida: lectores juveniles, mujeres, hombres de X margen de edad…) También es muy importante y dejaría una sensación de personalización de la carta, comentar en qué línea editorial podría encajar nuestra obra y basándonos en las colecciones con las que trabaja la editorial en ese momento (línea Narrativa Femenina, Thriller, Crossover…). Esto dejará claro que nos hemos preocupado por su trabajo, que antes de llamar a su puerta  hemos investigado acerca de sus publicaciones y sobre los temas en los que están interesadas actualmente.

- Finalizaremos la carta con una despedida escueta, agradeciendo el     tiempo e interés que se nos ha prestado.

Aquí os dejo un pequeño croquis en miniatura de la idea que quiero transmitiros:


Mi nombre
Datos de contacto.


Nombre de la editorial
A/A Departamento de lectura
Dirección de la empresa

Lugar y fecha

Saludo (Estimado señor/a ______)

Cuerpo de la carta
Mi nombre es__________, me pongo en contacto con usted para hacerle llegar mi novela titulada__________, perteneciente al género ___________, y que narra la historia de__________________ etc…

Despedida (Sin otro particular reciba un cordial saludo, me despido atentamente….)

Al principio no será fácil redactarla, es más, es complicado compactar en tan sólo 250 palabras o menos incluyendo datos de contacto, encabezado, despedida etc… todo tu trabajo, pero hemos de hacerlo, pensad que estamos llamando a una puerta desconocida y hay que tocar con tino y sobre todo con buenas formas.

En la siguiente entrada os invito a conocer la otra herramienta que necesitaremos a la hora de presentar nuestra novela para su valoración por parte de una editorial, os hablo como no, de la Propuesta Editorial.



                                                                                 

lunes, 24 de agosto de 2015

El manuscrito

Aprovechando estos últimos días de agosto y de vacaciones os dejo esta nueva entrada de mis “luces y sombras”, en esta ocasión para hablaros del siguiente paso una vez hayamos acabado nuestra novela.
Muy bien, ya tenemos nuestro manuscrito terminado, revisado y corregido ¿y ahora qué? Pues es el momento de buscarle una salida y hacerlo llegar a tus lectores.
Para ello contamos con diferentes vías:

Editoriales
Agentes literarios
Concursos literarios
Auto-publicación

Editoriales y Agentes literarios
Es la primera opción en la que pensamos los que nos iniciamos en esta aventura, pero también es verdad que es una de las más difíciles y desesperantes.
Habrás de hacer una cuidadosa selección antes de enviar tu manuscrito, ya que, si su línea editorial no va con la temática de tu novela, por muy buena que ésta sea, simplemente la desecharán.
Si por ejemplo has escrito una novela romántica no tiene ningún caso, pero ninguno y en esto suelen ser inflexibles, que la mandes a una editorial que publica fantasía o juvenil. Lo mejor sería echarle un vistazo a sus catálogos para ver qué publican. En las secciones que destinan a “envío de manuscritos” muchas veces informan acerca de los género en los que están interesadas. Vuelvo a insistir, el género de nuestra obra es primordial a la hora de elegir las editoriales a las que hemos de enviar nuestra novela; si lo hacemos bien, estaremos ahorrándonos mucho trabajo, tiempo malgastado en esperas improductivas y dinero.
Bien, una vez que tengamos nuestra lista de editoriales en donde nuestra novela encaja, habremos de zambullirnos de cabeza en su página web para conocer los requisitos para poder hacérselas llegar. Con respecto a esto acude a mi mente aquel refrán de “cada maestro tiene su librillo”, pues bien, con las editoriales ocurre exactamente lo mismo, cada una tiene su sistema y habremos de respetarlo y hacer las cosas tal y como se nos indica para darle a nuestro manuscrito al menos la posibilidad de ser evaluado.
Debes visitar la página web de cada una de ellas y cerciorarte de que actualmente están aceptando nuevos trabajos, si no lo dicen, puedes enviar un breve email al departamento de lectura preguntando cortésmente si aceptan manuscritos y la forma de enviarlos. Algunas te ahorrarán mucho dinero porque sólo aceptan envíos por correo electrónico y otras te dirán que sólo puedes enviarlos en papel, lo que significará que habrás de invertir un dinerillo en tinta, papel, encuadernación, sobre y envío (unos diez euros aproximadamente).

                                                                             
                                                                     

Cuida mucho la presentación, el manuscrito tiene que estar bien maquetado, márgenes, tipo de letra (lo mejor para textos en papel son las letras con serifa tipo time new roman y similares), páginas enumeradas, texto cuadrado, encuadernación cuidada (evita tapas de colores, o diseños rebuscados, busca siempre lo más simple y neutro posible), el título del libro ha de estar claro y centrado al igual que tu nombre.
Como he dicho antes, muchas editoriales aceptan envíos por correo electrónico e incluso cuentan con formularios para rellenar on line lo que resulta muy cómodo y rápido, y en tan sólo unos minutos, habrás hecho el envío.
Sin embargo, hay ocasiones en las que la editorial no pondrá a nuestra disposición ningún formulario para rellenar ni ninguna indicación al respecto  y habremos de acercarnos a ella con nuestro manuscrito, siguiendo nuestro propio criterio y con mucho tino. Esto nos requerirá un poquito más de trabajo, habremos de presentarnos ante ellas de una forma escueta, pero a la vez efectiva. Por suerte para nosotros existen dos documentos fantásticos e imprescindibles y que serán el objetivo de las siguientes entradas: la Carta de presentación y la Propuesta editorial.



martes, 4 de agosto de 2015

Reseña para Desde el tragaluz - Programando libros

"Desde el tragaluz" sigue cosechando reseñas muy positivas como la que os traigo hoy. 
Esta vez es el turno del magnífico blog literario "Programando libros" y de la mano de Antonella. 
¡Muchas gracias chicos por vuestro apoyo!

Reseña "Desde el tragaluz" - Programando libros

DESDE EL TRAGALUZ - En el top 20 de Suspense y Ficción Contemporánea

DESDE EL TRAGALUZ se encuentra actualmente en el top 20 de las categorías de Suspense y de Ficción Contemporánea de Amazon.es

Estoy muy contenta y agradecida por la acogida que está teniendo la novela y sobre todo por el hecho de venir de una autora novel y desconocida.

Por eso, desde este mi rincón que es "Luces y sombras de una autora", os doy las gracias a todos los lectores que le habéis dado y le estáis dando una oportunidad a esta historia.



martes, 30 de junio de 2015

lunes, 29 de junio de 2015

Revisiones y correcciones

Bien, después de una ardua lucha entre tintas, borradores, personajes, dudas  y bloqueos, por fin has conseguido acabar tu manuscrito.
Tenemos una novela con un principio y un final y lo suficientemente madura y redonda como para hacerte sentir que está terminada.
Pues bien, una vez que hayas acabado la etapa creativa tocará corregirla, es el momento en el que habrás de refrescar tu ortografía y gramática, echar mano de un buen diccionario y zambullirte en internet en busca de toda la ayuda que encuentres y que te permita conseguir un texto lo más perfecto y pulido posible y hasta donde tus conocimientos te lo permitan.
Una vez hayamos superado esta etapa de corrección, llega el momento de encontrar un lector 0, es decir, la primera persona en el mundo, aparte de ti, que leerá tu novela.





La opinión de este lector te va ayudar a conseguir un punto de vista objetivo de tu creación, los fallos o incoherencias que tú no ves por estar, digamos que, demasiado “fusionado” con tu obra. Las tramas y subtramas, los personajes, los diálogos, la documentación que has utilizado para crear, todo debe de estar bien encajado y ha de ser lo suficientemente verosímil como para que la historia se sustente, sino correrás el riesgo de que se estrelle contra el muro de incredulidad de tu lector.
Te sugiero que elijas a alguien de confianza, familia, pareja, amigo, pero eso sí, lo bastante neutral y sincero como para hacerte ver los fallos y darte su verdadero punto de vista, si es alguien que por no herir tus sentimientos o por miedo a tu reacción maquilla su opinión o la oculta: no te servirá de nada.
Para garantizarte una total imparcialidad, y si tu presupuesto te lo permite, podrías encargar un informe de lectura en el que un profesional acostumbrado a leer y valorar manuscritos, te dé su opinión e incluso analice su valor comercial.
Su informe incluirá algo así como puntos fuertes y débiles de la historia, el tipo de lenguaje, el punto de vista del narrador, si es el correcto o no, el ritmo… La valoración que obtengas puede ser excelente y no sugerirte ningún cambio o casi ninguno, pero también podría recomendarte una restructuración total de la obra o del argumento, supresión de personajes, historia contada desde un tono o punto de vista inadecuado etc…

Y finalmente, después de todas las revisiones y rescrituras que se precisen, yo te aconsejaría que pusieras tu manuscrito en manos de un profesional que le realice una adecuada  corrección ortotipográfica y de estilo para que te asegures  un texto limpio, preciso y unificado.


miércoles, 3 de junio de 2015

Los recursos del escritor

He estado un poco perdida estas semanas y lo siento, pero me he visto sepultada bajo montañas de trabajo que me han impedido atender el blog y seguir hablando de mis "luces y sombras" particulares.

Pero bueno, ya estoy nuevamente aquí y esta vez me apetecía hablaros de los recursos que tenemos los que aspiramos a escribir y a crear nuestros propios mundos y relatos a través de las palabras. La última vez os di mi versión personal acerca de la creación de una historia, pues bien, hoy me apetece ponerme un poco más didáctica y hablaros de los llamados recursos del escritor.

He de aclarar que el objetivo de este blog no es ser un taller de escritura creativa, sino simplemente un diario de vivencias sobre mi propia experiencia literaria para compartir con los que, al igual que yo, quieran acercarse al difícil mundo de la escritura, únicamente eso. A los que habéis leído mi perfil sabréis que no soy profesora ni correctora ni lectora profesional ni nada que se le parezca, mi trabajo es totalmente diferente y lo que sí soy es una gran  apasionada de la literatura y que la escritura es simplemente una afición que cada vez está llenando más mi vida. Eso es todo.

Dejando esto claro, ahora voy a hablaros en una forma muy esquemática de los recursos del escritor.

Bien, si buscamos la definición de los recursos narrativos y estilísticos sabremos que son una especie de técnicas de las que se vale el escritor para expresar de la forma más certera posible sus pensamientos y sentimientos y crear así su obra literaria.





Para mí, la mejor forma de enfrentarse a la escritura es leyendo mucho. Hay que leer todo lo que se pueda, no sólo los géneros y escritores que nos gustan, sino también los que nos gusten menos porque siempre se puede aprender algo nuevo, y así, ampliaremos nuestras miras con toda esa información que nuestro cerebro recaude y que nunca se sabe cuándo la podremos utilizar. Podemos disfrutar mucho de una saga fantástica de escritores en vogue, pero también aprender mucho sobre la forma en que funciona el corazón leyendo una pequeña novela intimista, o bien sumergirnos en el mundo colorido y cosmopolita de una novela chick-lit, como también aprender de los universos sociales descritos en los grandes clásicos del Realismo del siglo XIX. Si escribes, es imprescindible leer mucho, no sólo por el puro gusto de la lectura, sino porque de alguna manera lo que pretendes es crear algo que querrás que otros lean, tienes una responsabilidad tácita con tu lector, la de brindarle algo de calidad, algo que le anime a apostar por ti, que le entretenga y le evada de su realidad, por eso acude a ti y no puedes decepcionarle.

Volviendo a los recursos del escritor y hablando de ellos muy esquemáticamente yo los suelo categorizar más o menos así:

Recursos Lingüísticos
Como su nombre indica, son los relativos a la lengua en sí: la sintaxis, la semántica, léxica, las formas y tiempos verbales…

Recursos Estilísticos
Éstos tienen que ver con las técnicas que utiliza el escritor para expresarse, para definir su estilo y que hacen el lenguaje maleable a lo que cada autor busca transmitir. Como ejemplo tenemos: la metáfora, la comparación, el asíndeton, el quiasmo y un largo etc…

Recursos Narrativos
Aquí hablamos de los creadores de la narración propiamente dicha: el tipo de narrador, el tiempo, espacio, el tono, el ritmo, la información, diálogos, creación de personajes, etc…

Tanto en papel como en internet hay muchísimas fuentes al respecto, podéis investigar y estudiar todo lo que queráis sobre ellos, y por supuesto lo que más recomendaría es que os apuntéis a talleres de creación literaria en donde hay profesionales que os enseñarán a utilizarlos y os guiarán en la creación de vuestras primeras obras.

Vuelvo a insistir, es muy importante saber manejar las herramientas del lenguaje y de la narración; gracias a ellas conseguiréis traer a la realidad tanto una habitación de ocho metros cuadrados como un universo entero en medio del espacio.




sábado, 16 de mayo de 2015

La idea que será historia

¿Dónde están las historias? La respuesta a esta pregunta es simple: en todas partes.

Nunca se sabe en dónde estará la idea que pueda convertirse en creación literaria, puedes encontrarla en cualquier lugar y en cualquier momento, unas veces por casualidad y otras tendrás que ir a por ellas.



Hay creadores que suelen buscar sus ideas en el pasado, en sus vivencias personales o en la de sus allegados, otros digamos que las “copian” de las vidas ajenas, basta con una frase, un cotilleo o un relato personal de alguien para que ¡zas…! surja una inspiración. En ocasiones se observa la vida de los demás como si fuéramos gatos sobre los tejados, y en otras, es posible idear una historia desde tu propio interior, algunos utilizan el sistema llamado “escritura automática” en el que en un momento de bloqueo o sequía de ideas el escritor se arma de valor y se enfrentan a un folio en blanco escribiendo lo primero que se le pasa por la cabeza, sin censura, imaginando, viendo escenas que ellos mismos crean y que les hacen sentir algo, porque obviamente, si deseas escribir una historia, una buena de verdad, tienes que poner mucho de ti en ella, eres tú mismo hecho palabras, eres un autor-escritor, un creador de una realidad inexistente que tienes que hacer real, por lo que la idea ha de por lo menos, por lo menos gustarte (lo mejor sería que te fascinara) para que así plasmaras gran parte de tu corazón en ella y sea más fácil llegar al de los demás que en el futuro serán tus lectores.
Y después…
Una vez que tengas la idea-historia a la que desees dar vida, es el momento de empezar a escribirla. Cada uno tiene su método, puedes empezar a escribir lo que tengas más vívido en tu mente, lo que te apetezca en ese momento, aunque estemos hablando de capítulos sueltos con personajes que aún ni siquiera tú conozcas, no pasa nada. Una vez que te hayas digamos que descargado de esa “adrenalina creativa” habrás creado varias piezas de un puzzle que representa algo, y entonces te tocará generar más partes, unas seguirán siendo producto de lo que antes he llamado “adrenalina creativa” y otras serán piezas necesarias para armar el puzzle y crear la imagen que deseas.

Otra forma de enfrentarte a tu obra aún intangible, podría ser como conducir por una carretera de sentido único, es decir, empiezas por un principio por el que irás avanzando poco a poco, hasta toparte con encrucijadas de las que te costará salir, para después con alivio encontrar la dirección correcta y crear un final que te satisfaga.

Sea cual sea el método que elijas, lo que si te recomiendo es que sólo te preocupes por escribir, es el momento de la actividad creativa, no debe interesarte nada más que sacar lo que llevas dentro, no pasa nada si hay repeticiones, faltas ortográficas, si a éste personaje hace dos párrafos lo llamaste Juan y ahora lo llamas Arturo porque te gusta más o encaja mejor, o si estaba sentado y ahora está de pie y no lo dijiste, olvida los recursos narrativos, los adjetivos que no pegan, las metáforas excesivas, la pobreza de vocabulario, todo eso da igual ahora, porque lo importante es sacar la idea, los recursos del escritor, de los que hablaremos después, ya los usarás para pulir y embellecer tu puzzle, para hacerlo más vívido y real, ahora lo que importa es que estás intentando darle vida a una historia y la argamasa para construirla es tu imaginación, no se la debe limitar pensando en las reglas, sino puedes llegar a perder parte de la idea en el proceso.




miércoles, 13 de mayo de 2015

Luces y sombras

Inicio esta especie de cuaderno de bitácora para hablar de mi experiencia como escritora novel, un camino que inicié hace más de un año cuando me puse delante de mi libreta en blanco con la intención de escribir una historia que había de ser publicada algún día.
Para mí, esto ha resultado ser toda una aventura, con luces y sombras, y algunas sorpresas que realmente me han desconcertado, pero una aventura en sí que me gustaría compartir con vosotros a lo largo de la vida de este mi recién estrenado blog.
Si habéis leído la sección de biografía, habréis visto que mi mundo no son precisamente las letras, sino todo lo contrario. Soy trader de mercados financieros y mi vida se mueve entre la eterna lucha entre “toros” y “osos”, las fluctuaciones de precios de las empresas, los análisis, el volumen, los gráficos de velas que se forman en la pantalla de mi ordenador a cada minuto y que te indican la incesante dirección del dinero: hacia arriba, hacia abajo o hacia la planicie de la odiosa lateralidad. 



Sin embargo, el hecho de que mi trabajo no tenga que ver con las letras no quiere decir que no las sienta y no pueda valerme de ellas para expresar mis sentimientos y mi deseo de crear una historia cuando la tenga. Sé que hay personas que quizás se sientan como yo y ésta es una de las razones por las que he creado este blog, para compartir mi experiencia y tal vez ayudarles, desde mi humilde vivencia personal, a darle forma a sus propias ideas.
Durante muchos años he creado historias que he escrito para mí sin atreverme a ir más allá de mi pequeño círculo de allegados, historias algunas inconclusas y otras que conseguí acabar y que sé que he de sacar del cajón para que puedan ser leídas.
Hace más de un año nació en mí la imperiosa necesidad de dedicarle tiempo a esto, de convertirlo en una realidad, deseaba con todas mis fuerzas darle vida a una novela que clamaba por salir y que había convivido conmigo durante mucho tiempo, pero no sólo eso, también tenía que llegar lejos, lo más lejos que la suerte me permitiera, deseaba llegar hasta ti, dónde quiera que estés, esta vez no quedaría relegada en el cajón, esta vez me atrevería a sacarla por fin para que tú también la conocieras.


                                                                      

Mi primera reseña para "Desde el tragaluz" - Leyendo por las nubes

Aquí os dejo la primera reseña de "Desde el tragaluz" de la mano del fantástico blog de novelas románticas "Leyendo por las nubes" de Melina Rivera. Espero que os guste.

Primera reseña de "Desde el tragaluz" - blog: Leyendo por las nubes

DESDE EL TRAGALUZ - Primeros capítulos

Sinopsis

Tras perder a su hija en un accidente en la nieve, Johana Castell pone fin a su matrimonio y vive enclaustrada en su casa sin más compañía que sus pinturas y recuerdos. Pero no logrará la paz que desea, pues sufrirá el acoso constante de Fernando, su ex marido, quien luchará por todos los medios para hacerla volver. 
Todo cambiará con la llegada de Dima, un hombre venido de lejos, conocedor de un horrendo secreto que hará que la vida de Johana ya no vuelva a ser la misma.
Ni Johana ni Dima serán conscientes de hacia dónde les llevará la magnitud de aquel misterio, un entramado de engaños, perfidia y violencia que los unirá a ambos para siempre.
¿Qué oculta Dima? ¿Qué lo unirá a Johana? ¿Pueden dos caminos cruzarse sin tocarse?  
          

PRIMERA PARTE

Capítulo 1

                                                                      
Rodando ladera abajo y en caída libre, Johana se convirtió en un trozo de hielo más arrastrado por la avalancha. Giraba como dentro de una licuadora, ensordecida por el ruido atronador de la montaña al desmenuzarse. Gritó, pero la voz de la naturaleza era más fuerte, no había de dónde agarrarse y a merced de aquella fuerza devastadora, sabía que su cuerpo reventaría en cualquier momento. Entonces, con un parón brusco, dejó de rodar y el tiempo, como ella, se quedó congelado. Su cuerpo, magullado y tembloroso, yacía aprisionado bajo una capa de gruesa nieve que le aplastaba el pecho como cemento, impidiéndole toda forma de movimiento.
El ruido había cesado, pero no sabía si era peor, pues ahora todo era silencio en aquel nicho de hielo. Intentó gritar, pero sus cuerdas vocales parecían silenciadas, rotas a causa de la tensión y el pánico, el dolor ganaba terreno, el aire se agotaba… Sólo fueron cinco minutos; cinco, como los años de Lucía, su hija, cuya imagen no se apartaba de su mente, cinco, a la espera de ser rescatada, sin saber si vendrían, si seguiría formando parte de este mundo, sólo cinco, pero más que suficientes para que su vida quedara partida para siempre.


–¿Johana, me oyes? ¿Johana? –pausa–. Te has vuelto a ausentar.
Ella reenfocó la mirada, los recuerdos se diluyeron en la realidad y su mente encajó el presente; el frío, el dolor y el miedo desaparecieron y volvía a estar cómodamente sentada en la consulta de su psiquiatra, el doctor Teruel. Sus grandes ojos oscuros se dirigieron nuevamente hacia el médico.
–Lo siento. No recuerdo lo que me ha preguntado –contestó flemática.
–Deseaba saber si has vuelto a soñar con la nieve.
–No. Desde que salí de la clínica, sólo pienso en ella algunas veces.
–Al llegar hoy a la consulta dijiste que querías decirme algo, ¿qué era?
Johana suspiró, torció la boca con fastidio y volvió a mirarle fijamente.
–Creo que ya estoy lista para seguir sola. Quiero dejar la terapia.
–Sabes que aún no es el momento, no estás preparada para…
–¿Para qué no estoy preparada? –le interrumpió ella abruptamente–. ¿Para retomar mi vida como una adulta? ¿Sigo siendo una trastornada?
–No es eso…
–¿Para qué no estoy preparada, entonces? –insistió, exasperada, tamborileando con los dedos sobre el brazo de la silla–. ¿Para aceptar que casi muero bajo una capa de nieve y de que perdí a mi hija en un alud? –Johana emitió un leve sollozo que fue casi imperceptible–. Estaba sólo a unos metros de ella, sólo a unos metros cuando estalló la avalancha, intenté agarrarla, extendí los brazos, me lancé sobre Lucía para cubrirla con mi cuerpo, pero no pude alcanzarla; cuando quise darme cuenta, la montaña se me había echado encima.
El doctor Teruel agitó la cabeza levemente en un gesto de negación.
–Ya hemos hablado de eso, Johana, y mi respuesta por ahora es que necesitarás de esta terapia un tiempo más. No hay más que oírte para que uno se dé cuenta de que hay todavía ciertos puntos que no has conseguido superar –sentenció con tono suave, pero contundente–. ¿Qué tal duermes?
–Sin problemas –contestó ella esquivando sus ojos, sabía que no debía mentirle a su médico, pero lo que menos deseaba era que Teruel la sepultara bajo cajas de tranquilizantes y antidepresivos. Buscaba desesperadamente una salida de aquel hoyo, pero para ella, ésta no consistía en anular sus sentidos y dormir todo el tiempo.
–Dime, ¿cómo llevas lo de vivir sola en tu nueva casa? He oído que es bastante grande.
La paciente resopló y se dejó caer sobre su silla.
–Tiene tres plantas. Fernando y yo la compramos poco antes del accidente. Habíamos planeado dejar nuestro antiguo piso de la calle Costa Brava por algo más espacioso para Lucía, una casa unifamiliar con jardín. –Calló, cerró los ojos y se pasó una mano por la frente; luego prosiguió–: Está aquí mismo, en Mirasierra, a quince minutos andando, queríamos algo cerca del hospital, pero nunca llegamos a estrenarla. Ahora que Fernando y yo nos hemos separado, él está viviendo en el piso y yo me he mudado a la casa. Agustín Ferrer, mi abogado, está intentando llegar a un buen acuerdo con él y así poder quedármela; a fin de cuentas, la mayor parte del dinero la aporté yo. Además, no me veo viviendo en otro sitio, amo esa casa y poco a poco la estoy convirtiendo en mi nuevo hogar. Pero bueno, eso ya se lo habrá contado él.
–¿Qué ocurre con el jardín? –preguntó Teruel con repentino interés.
–¡Vaya! ¡Sabía que saldría el tema en cualquier momento! ¿Quién ha sido? ¿Fernando o mi madre? ¿Le han dicho también que a menudo me dejo alguna luz encendida o de que me he olvidado las llaves dentro en dos ocasiones? –exclamó la paciente soltando una risa ácida–. Imagino que le habrán contado lo de las ventanas, ¿no? Pues déjeme que se lo confirme: es cierto, he tapado todas las ventanas y puertas que dan al jardín con papel de embalar.
–Sí, algo he oído –sonrió él sin sorprenderse–. ¿Pero por qué has hecho una cosa así? ¿Qué hay de malo en…?
–Porque es un jardín muerto –volvió a cortarle ella con creciente malhumor–. Está sin cultivar, es un simple trozo de tierra abandonado y cercado por muros. En él sólo hay un cobertizo con sacos de abono, herramientas y un montón de sueños rotos. No deseo verlo nunca más. Puede que haga construir más habitaciones en esa zona de la casa.
–¿Lucía? ¿Acaso era ése su jardín?
–Así es –contestó recuperando la serenidad y sin apenas moverse–. Era nuestro jardín, íbamos a plantar rosas, a decorarlo con gnomos, a ponerle un columpio, ya sabe, todo eso que hace la gente. Estamos en marzo, la primavera pronto llegará, de no haber ocurrido aquello… Aún era pequeña, pero soñaba con verlo florecer.
Hubo una pausa y Johana volvió a perderse en el océano insondable de su mente.
–Háblame de tu carrera. ¿Has considerado volver a ejercer?
–No me lo he planteado siquiera.
–¿Por qué no? Tienes treinta y cinco años, tienes mucho que aportar.
–Ya no tengo motivación. Dejé la medicina hace dos años, cuando murió mi hija.
–Aquí en el hospital aún se te recuerda como una buena cirujana. Si tu padre viviera estaría…
–Usted lo ha dicho, si viviera, pero ya no vive, ya no está aquí, como muchos otros –replicó ella con sequedad y echando por tierra un nuevo intento de Teruel por mantener una conversación más fluida.
Él guardó silencio, sus cejas, grises y tupidas, enmarcaban una expresión grave y atenta.
–Johana –dijo entonces retomando la sesión–, vamos a ir con calma. Has vivido quizás demasiadas cosas lamentables en estos dos años. La tragedia en los Pirineos, los días en los que desapareciste sin dar explicaciones, la temporada en la clínica de reposo, tu separación y ahora esta mudanza tan repentina. Apenas llevas un mes viviendo en tu nueva casa. Son demasiadas emociones, y aunque sabes que no es de mi agradado que vivas sola, sé que puedes hacerlo y comprendo tu necesidad de independencia y de volverte a encontrar a ti misma.
–No estoy sola.
–¿A qué te refieres? –preguntó el doctor frunciendo el entrecejo.
Los ojos de Johana se tornaron súbitamente soñadores.
–En esa casa me siento acompañada. Noto como si estuviera llena de energía, un aura cálida que me protege y me hace desear vivir a pesar de todo.
–¿Te refieres al recuerdo de tu hija?
–Es como si estuviera allí… –susurró melosa, hablando para sí misma, ignorando por un momento la presencia del médico–. No sabría cómo definirlo, una presencia, tal vez un ángel que ha venido a acompañarme y a quedarse junto a mí para siempre.


Capítulo 2


Tras la consulta con el doctor Teruel, Johana se marchó directa a casa. Eran apenas las seis y media, pero no tenía cuerpo para nada más aquel día. Paseaba sin prisa, recreándose en la idea de un baño caliente para después sumergirse en su taller de pintura y perderse entre pinceles, tubos de colores y el lienzo en el que trabajaba.
El atardecer sereno se dejaba sentir más cálido cada vez, anunciando tímidamente la llegada de la primavera.
A paso lento y despreocupado, tardó unos veinte minutos en llegar a una calle residencial surcada por chalés a ambos lados y cubierta por una bóveda de árboles descarnados en espera de sus nuevas hojas.
Se detuvo frente a una muralla de piedra blanca y un gran portón de acero. Junto a él, otra puerta más pequeña, también de acero, y un buzón plateado. Johana consultó su correspondencia, y entre un fajo de cartas de publicidad y la factura de la compañía eléctrica, encontró un sobre tamaño folio con su nombre. Hizo una mueca de fastidio y lo abrió con desgana. Era una revista en cuya portada aparecía la fotografía de un amplio recinto decorado con luces doradas.
“Hospital Castell, 25 años ofreciendo lo mejor de nosotros”
Johana la ojeó, en su interior había una nota escrita a mano:

Aquí te mando un ejemplar de la revista que está publicitando el aniversario del Castell. Espero que te parezca bien. La empresa de eventos lo tiene todo preparado, será el 28 de mayo, aún faltan casi tres meses, pero es bueno que te vayas haciendo a la idea. ¡No puedes faltar! A fin de cuentas, es el hospital de tu padre.
Te veo pronto.
Teresa

Una vez consultado el correo, abrió la puerta pequeña y entró en la propiedad. Una amplia y cuidada planicie de césped artificial apareció ante ella; bajo sus pies, un sendero de adoquines conducía a una moderna vivienda de tres plantas y paredes blancas rodeada por muros, que, bajo la luz nocturna, recordaba a una fortaleza aislada del resto del vecindario. Johana emprendió el camino de piedra hasta el portal. Allí, un arco cubierto por una frondosa hiedra sintética encuadraba toda la puerta principal creando un efecto de cascada verde y natural. Entró en casa y una cálida soledad la envolvió; sin encender la luz, fue hacia el salón, se echó en el sofá y se dejó llevar por la melodía del silencio.
El mundo era tan controlable en aquella casa, cada uno de sus rincones había sido explorado por ella y por Lucía poco después de comprarla. Johana cerraba los ojos y escuchaba las risas de la niña, sus canciones y algarabías en el desierto jardín.
“Quiero rosas, mamá.”
Un recuerdo fugaz quebró el presente. Abrió los ojos, el pasado se desvaneció y Johana regresó al ahora, al salón sin luz, y a su corazón latiendo penosamente.


Desde su habitación, ubicada en la primera planta y tras disfrutar de su anhelado baño caliente, escuchó las ruidosas campanadas del reloj de pared del salón anunciando la hora de la medicación.
“Toca la cena y con ella la pastilla. ¡Más bromazepan! ¡Qué remedio!”
Arrastrando las zapatillas bajó hasta la planta baja, cruzó el salón y llegó hasta la cocina. Una vez allí, abrió el frigorífico y ojeó rápidamente las opciones.
–¡Ya tengo que hacer la compra otra vez! No sé cómo me las arreglo para que se me acabe casi todo en menos de una semana, ¡ni que me pasara el día comiendo! –resopló volviendo a su malhumor de la tarde al tiempo que tomaba un poco de queso para untar sin mucho entusiasmo.
Sacó un paquete de pan de un armario de la cocina y se hizo un sándwich que comió a mordiscos pequeños hasta dejarlo por la mitad, lo justo para no tomar la medicación con el estómago vacío; y en ello estaba, cuando el repentino timbrar del teléfono la hizo atragantarse con el agua y casi devolver la pastilla.
–¡Maldita sea! ¡¿Por qué no se van todos a la porra?!
Tras cinco tonos sin respuesta, saltó el contestador automático y se escuchó un mensaje:
“¿Es que se te ha olvidado que tienes una madre? Johana, me tienes preocupada, te he llamado varias veces y me salta el buzón de voz. Hija, vuelve con tu marido, no es bueno que vivas sola. Tienes que salir de esa casa o te harás más daño. ¡Llámame, por favor!”.
Se acercó al contestador, en la pequeña y oscura pantalla parpadeaba la señal de un segundo mensaje. Pulsó el botón de reproducción y dejó que el aparato se liberara:
“Señora Castell, soy Laura Romero, de la floristería Detalles. Le comento que nuestro proveedor ya nos envió el catálogo de rosas para decorar el mausoleo del que nos habló.
Tan pronto elija las que desea y formalice su encargo, se las enviaríamos en pequeñas macetas de plástico para trasplantar a finales de este mes.
Le ofrecemos una gran gama de variedades y colores, pero como le recomendé, las mejores son las floribundas”.
Impasible, Johana apenas movió una ceja, recogió la mesa, se lavó los dientes y se encerró en su taller.
Como el salón y la cocina, éste también pertenecía a la planta baja, formaba parte del ala oeste de la casa y contaba con puertas y ventanales que daban al frustrado jardín de Johana, un terreno vacío y rodeado por muros de piedra,  que al igual que el resto de la vivienda, quedaba aislado del vecindario. Sin embargo, ahora también permanecía oculto al interior de la casa por el horrible papel de embalar con el que la misma Johana había cubierto todas las ventanas y puertas con acceso a él. Así, la habitación se mantenía cerrada casi todo el tiempo, a excepción de las horas en las que le apetecía pintar, actividad que siempre realizaba a la luz de las velas.
Desde pequeña se había sentido inclinada hacia el dibujo, le encantaba plasmar sobre el  papel  las formas y trazos que para ella representaban su realidad. Dibujaba por instinto, por puro placer: una ventana, un gato, una hermosa lámpara de araña, la serena superficie del mar… Todo lo que captara la atención de aquella niña de largas pestañas y grandes ojos oscuros era reproducido en su blog de dibujo. Después, en las fronteras de la adolescencia, se interesó por las personas, sus gestos, sus sentimientos, sus experiencias... La jovencísima Johana se convirtió en una excelente retratista de emociones, una suerte de “dibujante de energías” como la llegó a llamar su padre en alguna ocasión. Con el carboncillo aprendió a reflejar la forma más primitiva de las cosas, su pureza, la primera sensación de algo o de alguien que hubiera capturado de forma impetuosa su interés. Johana cazaba aquella idea y la dibujaba rápidamente haciéndola suya, convirtiéndola en su interpretación personal, su obra, para regocijarse después en el placer de verla creada.
Más adelante, descubrió la belleza de la pintura, probó con la acuarela y con el acrílico, pero sin duda se dejó encandilar por brillantez del óleo. Una técnica que por su maleabilidad le permitía corregir si cometía algún error, “me da segundas oportunidades”, solía bromear con sus compañeros de taller en referencia a sus pinturas. Le encantaba su cremosidad, su capacidad inspiradora, la viveza de su colorido. De esa forma, si con el carboncillo Johana cristalizaba el alma de las cosas, fue gracias a la pintura como consiguió dotarla de color. En definitiva, aquel arte había nacido con ella y en varias ocasiones se dijo a sí misma que, de no haber sido médico, se habría convertido en pintora. Era una buena cirujana, amaba la medicina como su padre, pero existía en ella una sensibilidad especial a la hora de interpretar la vida y de la que la gran mayoría carecía. Aquella parcela de sí misma se negaba a quedar relegada en su subconsciente, por lo que Johana la canalizó a través de la pintura.
Con la pérdida de su hija, su parte práctica desapareció, Johana se encerró en sí misma y se dejó devorar sin resistencias por la artista.


A tientas escogió uno de los velones perfumados que había sobre una mesita auxiliar y lo encendió. Al momento las sombras se desvanecieron dejando ver las siluetas de algunos muebles, figuras y jarrones de cristal y lo que parecían cuadros arrinconados en una esquina. En el centro de la estancia, un caballete con un lienzo a medio pintar. Los efectos aromáticos de la vela pronto se dejaron sentir, y poco a poco, un dulce olor a miel lo invadió todo. Johana se acercó al lienzo y lo miró con atención, era un jardín florido, surcado por hileras de grandes rosales blancos y rojos todos en flor. Sin embargo, el cuadro aún no estaba terminado, pues tan sólo la mitad del lienzo aparecía trabajada, la otra en cambio seguía en blanco, intocable.
“Está seco ya”, pensó, y un instante después, lo tomó entre sus manos y lo colocó junto con el resto de cuadros apiñados en una esquina. Luego se dirigió al otro extremo de la habitación perdiéndose entre la oscuridad para reaparecer con un lienzo virgen; lo colocó en el soporte, tomó paleta y pincel y comenzó de nuevo.



Capítulo 3


Diez días antes.
En la estancia de paredes grises y a media luz, se respiraba una envolvente paz. El silencio emergía de cada rincón mezclándose con una inquietante sensación de acabamiento.
 Olía a éter.
Dima consiguió por fin abrir los ojos, su mirada celeste, ligeramente rasgada, estaba pegada a aquel techo de escayola de color hueso, no había nada de especial en él, pero su mente se mostraba demasiado perezosa como para cambiar hacia otro objetivo y dejar de contemplarlo. Entonces se dio cuenta de que apenas podía mover la cabeza.
Estaba tendido sobre una superficie acolchada, una cama suave y espumosa o por lo menos eso fue lo que se le figuró. Parpadeó un par de veces para después mover las cuencas de un lado a otro, fue así como consiguió desclavar los ojos del techo y dar con la única fuente de luz de la habitación, una especie de pantalla, un cuadro grande como una pizarra iluminado por una luz en su interior.  A lo lejos divisó lo que parecían fotos pegadas sobre aquella superficie y le recordó las visitas al médico cuando tenía que llevar a su madre a la ciudad para hacerse ver los pulmones.
“Lo siento señor Koval, pero a su madre no le queda mucho tiempo, puede que uno seis meses, así que hágale la vida lo más placentera posible porque ya sólo resta esperar.”
Cerró los ojos ante aquel recuerdo sin poder evitar una punzada lastimándole el pecho.
“Es una pantalla para ver radiografías”, pensó.
Con gran alivio, notó que por fin podía mover la cabeza, la levantó poco a poco y confirmó que sus sospechas eran ciertas, yacía sobre una especie de camilla plegable de superficie almohadillada y estructura de aluminio.
Su cuerpo era independiente de su mente, se notaba pesado, terriblemente pesado, sin apenas energía para moverse, como si tuviera atado sendos bloques de cemento a las cuatro extremidades y se imaginó a sí mismo como una sola masa, un gran cuerpo de metro noventa hecho de piedra inerte.
Quiso levantarse, pero una nausea repentina le sacudió el estómago y tuvo que volver a la posición inicial, cerró los ojos, respiró hondo y cuando intuyó que el mundo volvía a detenerse lo volvió a intentar. Levantó la cabeza con cuidado, se incorporó muy despacio y consiguió sentarse por fin. En ese momento se dio cuenta de que estaba descalzo. Sus brazos al menos volvían a obedecerle, logró girarse y sacar las piernas de la camilla para colocarlas después en el suelo. Sus manos se aferraron con firmeza a la superficie mullida de aquella cama y por un momento, ahí sentado, se vio a sí mismo como suspendido en el aire, mirando hacia el horizonte que era el otro extremo de la habitación, iluminada por el débil reflejo del negatoscopio. Fijó sus ojos en aquel rincón y distinguió otra camilla.
–¿Nikolái? –musitó notando el paladar extremadamente seco y amargo.
Dima agachó la cabeza, ahora sus piernas tenían que hacerle caso, su pelo largo, por debajo de la nuca, le cayó caprichosamente sobre la cara nublándole la visión por un momento.
“¿Qué nos han hecho?”
Recordó que hacía unas horas habían llegado a aquella casa en medio del campo. El recorrido se le había hecho interminable, casi cuatro mil kilómetros desde su Ucrania natal para poder entrar en España.
Nikolái era el mejor informado de los dos, conocía todos los pormenores de aquella aventura, pero a Dima le había quedado claro que el plan consistía en entrar ilegalmente a través de un camión dotado de un compartimento oculto en el que él y Nikolái serían infiltrados. El camión transportaría cereales desde la frontera con Moldavia. Había sido un viaje extremadamente duro, cuarenta horas sin poder apenas moverse ni cambiar de postura, sin comer ni beber casi nada para no tener que parar más que un par de veces. Dima era de contextura fuerte y atlética, pero aun así, el desgaste físico y mental había sido brutal. Sólo esperaba que aquel sacrificado viaje de verdad mereciera la pena. Nikolái le había asegurado que cuando llegaran a Madrid, después de recuperarse, les proporcionarían documentación falsa para poder moverse por el país sin tener problemas con la policía. Después, se marcharían al norte de España, a un lugar llamado Bilbao, en donde Nikolái tenía un conocido. Tan pronto les dieran sus papeles irían a buscarle, y una vez allí, él sin duda les ayudaría a comenzar una nueva vida. Todo saldría bien, cada paso estaba minuciosamente planeado desde hacía meses. Llevaban mucho tiempo esperando, incluso se habían sometido a varias pruebas médicas en las que, entre otras cosas, les habían analizado el tipo de sangre.
Desde Ucrania les advirtieron de que las condiciones del viaje eran sumamente extenuantes, por lo que querían asegurarse de que aguantarían y de que nadie muriera por el camino. No deseaban problemas, esto era un negocio en el que ninguna de las partes debía perjudicar a la otra. Sí, sin duda se habían tenido en cuenta muchos detalles, eran profesionales, no era la primera vez que lo hacían. Los documentos serían perfectos, tal y como les prometieron y sin ningún defecto, el precio lo ameritaba; después de todo, se habían dejado casi todos sus ahorros en ellos.
Les habían llegado rumores de que España se encontraba en una terrible crisis económica y que el trabajo escaseaba, pero seguro que sería mejor que en Ucrania. Allí las cosas se estaban poniendo cada vez más crudas. Desde noviembre, el país se había quebrado y la violencia desatado, no existía entendimiento entre las partes, las mentes se dividían, unas pertenecían al este y otras al oeste, y algunos, como Dima, hasta llegado aquel momento, ni siquiera sabían que habían de decidirse por uno u otro bando. No se veía una solución clara ni rápida para su país, y como colofón estaba ahora el conflicto con Rusia por Crimea, justo donde él había vivido los últimos ocho años. Pero por encima de todo eso, a él ya tampoco le quedaba nada ni nadie por quién quedarse a luchar ni por quién volver. A sus treinta y cinco años, sabía que aún era joven, tenía tiempo de empezar de nuevo, de construirse una vida desde los cimientos. Asimismo, si en España las cosas se ponían feas, con sus papeles falsos, pero perfectos, siempre podría marcharse a otro país de la Unión Europea. Sin duda aquella nueva identidad funcionaría como una llave maestra abriendo las fronteras de un mar lleno de posibilidades para él y para Nikolái.
La peor parte había pasado ya, el viaje en aquel ataúd-compartimento justo encima de las gigantescas ruedas del camión, los nervios, los interminables kilómetros, tantos idiomas distintos a lo largo del camino…
Habían llegado deshidratados a aquella casa, hambrientos y tras casi dos días sin comer, les costaba tenerse en pie.
Nada más entrar, a Dima se le hizo la boca agua; un suculento olor a comida impregnó el aire dejándose sentir por todas partes, comida rápida: hamburguesas, patatas fritas, pollo… Entonces apareció ante ellos un muchacho moreno, con el pelo cortado a cepillo, vestido con un chándal negro y que hablaba su lengua con un fuerte acento.
Les dijo que primero pasarían a un área especial para asearse y que de allí pronto les conducirían al comedor. A pesar del agotamiento, Nikolái estaba eufórico, su rostro juvenil y vivaz lucía tremendamente enflaquecido, pero no había perdido ni un ápice de aquel aire pícaro y burlón que le había granjeado su buena fama con las mujeres. Sus amigos le llamaban Cupido por su cara de niño y su pelo rubio ensortijado.
–¡Esto es España! ¿Qué temperatura hará? ¿Unos cálidos diez grados a finales de febrero? –bromeó hendiendo una gran sonrisa.
–Tenemos un agujero del tamaño del planeta en el estómago y tú todavía tienes ganas de hacer el tonto –dijo Dima dándole una palmadita en el hombro.
–Así es como me gusta la vida, mi querido Dimitro, hay que reírse siempre que se pueda, hay que tratar de buscar lo divertido. Además, con tantas horas sin moverme ni hablar, me entró el pánico de volverme como tú… y yo aún no tengo los treinta –replicó soltando una graciosa risotada.
Los condujeron a una zona de aseo con una hilera de duchas en donde les proporcionaron toallas, champú, ropa limpia y calzado. Dima, debido a su gran estatura, tuvo recelos de dejar su antigua ropa por la nueva, que, aunque limpia, bien podría dejarle las pantorrillas al aire. No obstante, no fue ése el caso, pues los conjuntos que les suministraron (vaqueros, camiseta, suéter oscuro y una sudadera negra con capucha) funcionaron como uniformes hechos a medida con el tamaño exacto para cada uno.
Después de una rápida pero reconfortante ducha de agua caliente, se vistieron y les llevaron hasta lo que parecía un pequeño comedor. Había una mesa grande de metal con cuatro sillas, servilleteros, platos y cubiertos desechables, y dos botellas de agua.
Los dos hombres se lanzaron cada uno a por una de las botellas hasta beberlas casi enteras de un solo trago. Acto seguido, entraron dos jóvenes, uno de ellos era el intérprete del chándal negro que hablaba ucraniano con acento. Portaban nuevas botellas de agua que colocaron con indiferencia sobre la mesa.
–Señores, la comida estará lista en un minuto –les anunció el intérprete y después se marcharon.
De forma inconsciente, Dima comenzó a contar los sesenta segundos de un minuto, se notaba ya algo mareado por el hambre. Nikolái se había sentado, llevaba aún la botella vacía en la mano y la cabeza ligeramente inclinada sobre uno de sus hombros. Dima fue junto a él y se sentó a su lado.
–Te dije que este viaje merecería la pena, amigo mío. Algún día me lo agradecerás –masculló muy bajito con los ojos entreabiertos. De súbito, su cabeza cayó como una roca sobre la mesa. Dima no dijo nada, tan sólo se le quedó mirando fijamente como un idiota, como si los músculos faciales se le hubieran quedado congelados de repente, y poco a poco, fue entregándose al sueño él también.
Ahora se acababa de despertar de aquella inesperada narcosis, solo, y sobre una camilla en un cuarto sin luz, lleno de silencio y con aquel soporífero olor a éter flotando en el aire. En la medida en que le respondieron sus piernas, se acercó con cuidado hacia el otro extremo de la habitación. Lentamente sus ojos fueron definiendo la silueta espectral que emergía desde la penumbra: otra camilla, parecida a la suya y sobre la que descansaba una masa cubierta por una sábana de blancura perfecta; la pálida iluminación del negatoscopio iba precisando cada vez más sus formas. Al fondo del todo, se distinguía el contorno de una puerta dibujado por una luz en el exterior. Fuera lo que fuese lo que había detrás, allí no había oscuridad.
No obstante, Dima se concentró en la camilla. Se aproximó más a aquella masa blanca, silenciosa y escalofriantemente quieta.
–¿Nikolái?
“Quizás duerma”, se atrevió a imaginar, pero su corazón le decía otra cosa. Empezó a temblar como un niño, se llevó una mano helada a la frente sin dejar de mirar aquel bulto, se acercó un poco más, dudó, pero al final, con mano vacilante, agarró un extremo de la sábana, tomó aire y tiró de ella…
Una punzada le atravesó el pecho, exhaló un débil alarido e hizo lo imposible para que las piernas no le fallaran, pero sin remedio cayó al suelo, el estómago se le contrajo, notó una arcada y vomitó. Sus ojos no podían volver a mirar, aquello era un eco del mismo infierno.
–¡Nikolái, Nikolái!
Nikolái yacía muerto en aquella camilla, macilento, sin rastro de color, sus cabellos rubios rizados parecían de plástico, como los de una peluca sintética. Dima no tuvo que tomarle el pulso para saber que la sangre ya no circulaba en él, no le hizo falta buscar su respiración ni necesitó acercar su oído al corazón de su amigo para saber si latía porque ¡Nikolái ya no tenía corazón! En su lugar habían dejado un hueco, un agujero como la boca de un cráter, tampoco tenía entrañas, pues le faltaban la mayoría de los órganos vitales. El cuerpo de su amigo había sido vaciado como una fruta a la que le han sacado toda la pulpa.
Notó que su visión se nublaba, las lágrimas aparecieron y anegaron sus ojos de forma incontrolable. Se limpió de un manotazo la cara, pero los sollozos clamaban por salir de su interior. Necesitaba respirar aire fresco para seguir vivo.
Se vio a sí mismo en el camión junto a Nikolái, ocultos con la cabeza llena de planes y deseos de llegar a aquel país del sol llamado España. Pero la verdad había resultado ser otra, un destino truculento y cruel les esperaba. Lo había escuchado alguna vez, pero algo así era demasiado horrendo para que pudiera ser cometido por un ser humano, y sobre todo, para imaginar que a uno le pudiera pasar. Habían sido transportados como estuches portadores de un material tremendamente valioso, una mercancía capaz de re-encender vidas a costa de apagar otras.
–Tráfico de órganos…  –dijo con apenas un murmullo y un escalofrío le recorrió el espinazo.
Dima supo que ya no le quedaba tiempo. Él sería el siguiente.
–¡Dios mío, ayúdame a salir vivo de aquí! –bisbiseó entelerido.
Buscó a su alrededor alguna señal de sus zapatos, y tras un par de vistazos, los localizó junto a su camilla. Le resultó increíble como hacía unos minutos no los había visto, pero ahora todo era distinto, aquella carnicería… lo que habían hecho con su amigo le había espabilado por completo. La desorientación y los mareos habían dado paso a las nauseas, al terror y, contradictoriamente, a la ira. Se calzó los zapatos y corrió hacia la puerta, aquel hilo de luz que dibujaba un contorno desde fuera. Quiso mirar hacia Nikolái, pero no pudo. Aquel horror le acompañaría de por vida si es que conseguía salir de aquel matadero y no acababa él también vaciado como seguramente le habría pasado a tantos otros.
Agachó la cabeza sin mirar hacia el cadáver de Nikolái; cálidas lágrimas cubrieron sus ojos haciéndolos parecer de cristal.
–Nikolái, lo siento tanto… –dijo con un doloroso sollozo–. Que Dios te acoja, amigo mío.
Fue hacia la puerta y justo cuando se disponía a abrirla aparecieron dos hombres desde el otro lado. El primero, alto, aunque no tanto como él, de mediana edad, con una expresión grave y rígida que lo observaba tras unas gafas de monturas finas, el cabello ligeramente canoso; vestía una bata blanca impoluta. Detrás de él, un chico también de blanco que portaba un recipiente con instrumental médico. Pálido, con un gesto de estupefacción que parecía que se lo habían cosido a la cara, pues era incapaz de mover un solo músculo.
–Luis, ¿qué ha ocurrido aquí? –dijo el hombre mayor al muchacho sin apartar sus ojos del ucraniano.
–Nos tuvimos que quedar cortos con la dosis, doctor. Éste es más grande que los anteriores.
Dima no entendió nada, sólo escuchaba sonidos sin sentido, cohesionados entre sí, sin que alguno conectara con el otro para hallarle algún significado. Respiraba agitado, el corazón le bombeaba iracundo y sólo podía pensar en Nikolái y en la presencia álgida y acechante de aquel hombre. Con la mandíbula tensa y el cuerpo en guardia, Dima mantuvo la mirada.
–Tranquilícese –dijo el médico y dio un paso hacia adelante.
Fue la señal para actuar. Poseído por una fuerza indómita, Dima se precipitó sobre él y lo lanzó hacia la camilla donde yacía el cuerpo de Nikolái. Acto seguido, el enfermero fue hacia Dima para impedirle el paso y todo el instrumental se desperdigó por el suelo. Pero aquel jovenzuelo era como un conejo frente a un león acorralado; Dima lo agarró por el cuello, lo levantó del suelo y lo estampó contra la pared como una pelota de frontón.
Corrió hacia la puerta, pero entonces notó una punzada de dolor en el lado izquierdo y superior del abdomen, un arañazo rápido que le hizo retroceder de forma instintiva. Allí estaba el médico, bloqueándole la salida otra vez; portaba un bisturí que sin duda acababa de utilizar.
–No irás a ningún sitio, vales mucho dinero –sentenció sin dejar de jadear ni apartar la vista de su presa.
Dima se palpó la parte alta del abdomen y su mano se tiñó de sangre. El efecto fue volcánico, sus brazos de hierro agarraron el cuerpo de aquel hombre y lo dispararon hacia el otro extremo de la habitación, muy cerca de donde había caído el enfermero, y chocando contra la camilla que había sido suya haciéndola volcar. Gruesas gotas de sudor le rodaron por la frente, Dima se las limpió con el revés de la mano, su respiración era entrecortada, la visión aún seguía borrosa, se le agotaba la energía y volvió a tambalearse, pero no se derrumbó. Con paso lento por fin consiguió llegar hasta la puerta; tras ella, un largo pasillo iluminado se extendía a ambos lados. Estaba vacío. Volvió a mirar por un momento hacia el interior de la sala, los dos hombres seguían tirados en el suelo. Dormirían un rato, no como Nikolái que ya jamás despertaría.
–Merecen morir…
Tuvo la tentación de regresar hacia ellos. Ahí tirados, sin conocimiento hubiera sido relativamente fácil acabar con ellos, pero Dima jamás había matado a nadie; sin embargo justo en aquel momento se creía capaz de hacerlo. Sacudió la cabeza desechando la idea, aquella intención le llevaría su tiempo, tiempo que no tenía, debía de salir de ahí cuanto antes. Cabía la posibilidad de que apareciera más gente y él ya no estaba en condiciones de defenderse mucho más, un minuto de diferencia podría costarle la vida.
Concentró su atención nuevamente en la salida. Entreabrió la puerta y sufrió un doloroso tirón en el abdomen, se aferró al pomo apretando los dientes para no gritar. Respiró hondo. Segundos después, las fuerzas habían regresado. Oteó a ambos lados del pasillo, continuaba desierto y, finalmente, salió.



Capítulo 4


Se hizo a la idea de que se había convertido en un ser inanimado, exánime, quizás un tronco en medio del campo. Dima se quedó muy quieto y presionó los labios para aguantar el dolor que le quemaba la piel. Afortunadamente había conseguido taponar la herida y ahora controlaba la respiración procurando dosificar el aire, pues no sabía cuánto duraría aquel asfixiante encajonamiento.
Se le había presentado tal vez la única posibilidad de escapar, la más descabellada de todas, pero estaba convencido de que no habría habido otra.
Hacía un par de horas que había salido de aquella cámara de muerte en la que había perdido a Nikolái, escapando a través de un corredor desierto con puertas de acero inoxidable a cada lado y dando tumbos con una laceración en el cuerpo que le desgarraba con cada movimiento. Había corrido haciendo presión con la mano, conteniendo la hemorragia con su propia ropa. Por suerte para él, la sudadera y el jersey resultaron ser de un tejido lo bastante grueso como para aguantar el embiste del bisturí evitando con ello una herida más profunda. Buscaba un refugio, un lugar en donde revisar de inmediato la herida y cortar el sangrado antes de que dejara algún rastro que lo delatara.
Sólo recordar las dos últimas horas de su vida le producía escalofríos. Había vagado por aquel pasillo, tanteando una salida, pero sólo había habitaciones cerradas a las que no se atrevía siquiera acercarse. Su desesperación crecía con cada segundo, sabía que en cualquier momento alguien saldría de alguna de ellas, que le reconocerían y que ése sería el final de su vida. Pero de repente se topó con una puerta que era diferente a todas las demás, poseedora de una simbología inteligible para Dima, un verdadero milagro de la comunicación ante sus ojos: la puerta del baño de hombres con su inconfundible silueta masculina dibujada en ella. Con el alma en vilo, entró, y tras cerciorarse de que estaba vacío, se encerró en uno de los aseos. Allí se apoderó de un rollo entero de papel higiénico e improvisó un vendaje hasta usarlo por completo. Tras esto, descansó unos minutos.
Sabía que sería cuestión de tiempo hasta que alguien diera la alarma, sin embargo, en aquella casa, clínica o lo que fuera, reinaba un silencio inquebrantable. Puede que no hubieran tantas personas como él imaginaba.
Salió del aseo, se lavó las manos, la cara, bebió un poco de agua y fue hacia la puerta con cuidado.
Nadie.
De un solo vistazo recorrió el baño y localizó una ventana al fondo de la habitación. Fue hacia ella, se asomó con sumo cuidado, y descubrió con alivio que se encontraba en una planta baja. Ya había anochecido. Entonces se percató de que había un coche aparcado a tan sólo un metro de la ventana y de él. Era un vehículo de lujo, amplio, de carrocería oscura y reluciente, propio de alguien con un estatus social más que notable.
“Seguro que es de ese carnicero.”
No podía arriesgarse a intentar arrancarlo y salir huyendo, pues hubiera alertado a todo el mundo; aparte de eso, se hallaba en medio del campo, en un país que le estaba resultando inhóspito, sin saber a dónde ir y a merced de quién sabe cuántos más carniceros que, seguro, no tardarían en darle caza. Él era un hombre alto, fuerte y vigoroso, pero ante las balas o una inyección sedante, no tendría ninguna posibilidad. Por si fuera poco, su fortaleza pasaba por horas muy bajas; su cuerpo y su psique habían sido aplastadas por una apisonadora durante las últimas horas. Sólo deseaba descansar. Así que se le ocurrió que la única forma de salir era de la misma como había entrado.
Salió por la ventana con cautela, cuidando de dejarla en apariencia cerrada tras él; se acercó al maletero del coche, lo trasteó, y con gran alegría descubrió que estaba abierto.
Llevaba esperando allí más de dos horas, con los músculos engarrotados, sujetando la puerta del maletero con ambas manos, rogando a Dios que no la abrieran, pues ahí sí que estaría perdido. Pero no pensaba morir sin luchar, y si su destino era acabar como Nikolái, se aseguraría de llevarse a alguno de aquellos dementes con él.
Sumergido en medio de aquellos fatídicos pensamientos estaba cuando escuchó como la puerta del conductor se abría y cerraba con un portazo, seguidamente el motor se puso en marcha. Las voces ininteligibles volvieron a resonar por todas partes, Dima reconoció en la del conductor, a la del hombre que le había herido, pero no podía preocuparse de otra cosa que no fuera aguantar la puerta del maletero desde dentro para evitar que se abriera o bien quedarse encerrado en él.
–No sé cómo, pero quiero a ese malnacido en mi mesa esta misma noche.
–No se preocupe, doctor Lagos. Le encontraremos, está herido, no puede haber ido lejos.
–¿Y Luis? ¿Al final se ha ido a casa?
–Sí, señor, estaba hecho papilla. Decía que la cabeza le iba a estallar, se tomó un par de analgésicos fuertes al salir. Dijo que antes de irse a casa pasaría por la de los Schumann para recoger el equipo médico como usted le pidió, y que ya lo traería mañana.
–Está bien. Y vosotros ya sabéis, recorred toda la finca, tiene que aparecer –ordenó el doctor Lagos al tiempo que le echaba un vistazo rápido a su móvil–. Llamadme si hay novedades. Volveré en unas horas. Ahora tengo que resolver un asunto con mi mujer.
El coche emprendió su camino, los potentes faros iluminaron la serpenteante carretera rural abriéndose paso entre la frondosidad de la noche. Dima, desde la hendidura de la puerta entreabierta del maletero, logró ver como la casa se perdía en la distancia, haciéndose más pequeña cada vez, hasta no ser más que un punto de luz en la oscuridad.




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